viernes, 6 de abril de 2012

VIACRUCIS... Para meditar a solas en la pasión de Jesús

Se inicia haciendo la señal de la Cruz: "Por la señal de la Santa Cruz, de nuestro enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

(Se va mencionando cada estación, de acuerdo a lo relatado en los evangelios. En cada una hay una invocación, reconociéndonos pecadores e implorando el perdón y la misericordia de Dioos; sigue la lectura de una cita bíblica; después una reflexión para meditar en cada momento y una súplica para nuestra vida diaria. Se hace una aclamación alabando a Jesús por su Sacrificio y se reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria, mientras caminamos física o espiritualmente hacia la estación siguiente. Puede incluirse algún breve canto de perdón y arrepentimiento entre cada estación).

Acto de Contrición: Jesús, mi Señor y Redentor. Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, me pesa de todo corazón porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno. Propongo no volver a pecar, confío en que por Tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

Ofrecimiento: ¡Dulcísimo Jesús mío, que por mi amor quisiste caminar fatigado y afligido con el pesado madero de la cruz! En memoria y reverencia de lo que por mí padeciste en aquél áspero camino, te ofrezco este momento de oración, unido a tus infinitos merecimientos, con la intención de ganar todas las indulgencias que se conceden a los que hacen con devoción este santo ejercicio. Para este fin te suplico y ruego por las graves necesidades encomendadas por el Papa y aplico cuantas indulgencias ganaré por las benditas almas del Purgatorio que fueren de tu agrado y de mi mayor obligación. Dame, Señor, tu divina gracia, para que cuanto en este santo ejercicio medite o rece, sea grato a tus divinos ojos. Así sea.

PRIMERA ESTACIÓN 
«Jesús es condenado a muerte». 

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén. 



"Pilato mandó sacar a Jesús y dijo a los judíos: 'Aquí tenéis a vuestro rey'. Pero ellos le gritaban: '¡Fuera, fuera, crucifícalo!' Pilato le dice: '¿Pero cómo he de crucificar a vuestro rey?' respondieron los príncipes de los sacerdotes: 'Nosotros no tenemos más rey que el César'. Entonces se los entregó para que fuera crucificado" (Jn 19, 14-16) 



En la casa de Pilatos, el Redentor del mundo fue cruelmente azotado, coronado de espinas y sentenciado a muerte. ¡Jesús mío, condenado en vez de mi, ten misericordia! Que el recordar la condena injusta que tu sufriste, me cuide de no condenar a los demás.

Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

SEGUNDA ESTACIÓN
«Jesús con la cruz a cuestas».

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén. 





"Los judíos tomaron a Jesús y cargándole la cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario" (Jn 19,17).




 Le pusieron a Jesús en sus lastimados hombros el gran peso de la cruz. ¡Jesús mío, cargado con mis pecados para descargarme de ellos, ten misericordia! Concédeme, para hacerme digno de ti, el saber aceptar la cruz de cada día con amor.

Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

TERCERA ESTACIÓN
«Jesús cae por primera vez».

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.  




"Han ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no aparté la cara ni de los ultrajes ni de las salivas que me echaban" (Is 50,6) 




Caminando el Señor con la cruz a cuestas, herido y desangrado, cayó en tierra debajo de la Santa Cruz. Señor, el que camina, alguna vez cae. ¡Jesús mío, sucumbiendo bajo el peso de mis pecados para expiarlos, ten misericordia! Que sepa levantarme y ayude a los demás a seguir caminando.

Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.  


CUARTA ESTACIÓN

«Jesús encuentra a su Santa Madre». 

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.  

 


"Una espada atravesará tu corazón" (Lc 2,35) 





Jesús, con la Santa Cruz a cuestas, encontró a su Santísima Madre triste y afligida. ¡Jesús mío, encontrando a tu angustiada Madre, ten misericordia! Por el dolor que sufrió la Santísima Virgen María, te pido que bendigas a todas las madres que en este mundo sufren.

Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.  

QUINTA ESTACIÓN
«El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz».

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.  




"Cuando llevaban a Jesús al Calvario, detuvieron a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para llevarla detrás de Jesús" (Lc 23,26) 




Los judíos contrataron a Simón Cirineo para que ayudara a llevar la cruz a nuestro Redentor, no movidos por la piedad, sino temiendo que se les muriese en el camino por el grande peso de la cruz. ¡Jesús mío, invitándome a participar de tu Cruz, ten misericordia! Que sepa dar un poco de mi tiempo y de mi amor a aquellos que lo necesitan.

Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.  

SEXTA ESTACIÓN
«La Verónica limpia el rostro de Jesús».

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.  





"Muchos se horrorizaban al verlo, tan desfigurado estaba su semblante que no tenía ya aspecto de hombre" (Is. 52, 14) 





La Verónica, viendo a Su Majestad fatigado, y su rostro oscurecido con el sudor, polvo, salivas y bofetadas, se acercó con toda reverencia a limpiárselo con un lienzo, en el cual quedó impreso el  divino rostro del Salvador. ¡Jesús mío, con el rostro manchado de inmundas salivas para expiar mi orgullo, ten misericordia! Ayúdame a ser también como la Verónica, un cristiano valiente, para consolar a los que lloran y sufren por el camino. 

Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.  

SÉPTIMA ESTACIÓN
«Jesús cae por segunda vez». 

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.  




"Eran nuestros sufrimientos los que llevaba, nuestros dolores los que pesaban… Ha sido traspasado por nuestros pecados, desecho por nuestras iniquidades…" (Is 53, 4-5) 




Cayó el Señor por segunda vez en la puerta judiciaria. ¡Jesús mío, sucumbiendo otra vez para enseñarme a levantarme después de las caídas, ten misericordia! Que no me desaliente frene a los fracasos o debilidades, sino que sepa levantarme y siga caminando. 

Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.  

OCTAVA ESTACIÓN
«Jesús consuela a las piadosas mujeres». 

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.  




"Seguían a Jesús una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por él, pero Jesús volviéndose a ellas, les dijo: 'Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos'" (Lc 23, 27-28) 




Unas piadosas mujeres, viendo que llevaban a crucificar al Señor, lloraron amargamente por verle tan injuriado. ¡Jesús mío, consolando a las mujeres de Israel, que, llorando, te seguían, ten misericordia! Me pides que llore por mí mismo por seguir en este mundo, pero ¿quién no se ha de compadecer de ti al mirarte así?

Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.  

NOVENA ESTACIÓN
«Jesús cae por tercera vez». 

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.  




"Venid a mí todos los que estén cansados y oprimidos y yo los aliviaré. Carguen mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas" (Mt 11, 28-29) 




Jesús cayó por tercera vez en tierra, hasta llegar con su santa boca al suelo; y queriéndose levantar, no pudo, antes volvió a caer de nuevo. ¡Jesús mío, sucumbiendo de nuevo al pensar en mis ingratitudes, ten misericordia! Que no sea yo causa de tropiezo para los demás, sino una mano amigo que alivie y levante.

Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.  


DÉCIMA ESTACIÓN
«Jesús es despojado de sus vestiduras». 

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.  




"Llegados al lugar llamado Gólgota le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel, pero él, habiéndolo gustado, no quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos a suerte" (Mt. 27,33) 





Habiendo llegado nuestro Redentor al Monte Calvario, los soldados sin piedad ninguna le despojaron de sus vestiduras. ¡Jesús mío, despojado de tu vestiduras para expiar mis debilidades, ten misericordia! Cuando el dolor me toque y despoje de mi egoísmo y orgullo, que sepa llenarme de ti.

Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.  

DÉCIMA PRIMERA ESTACIÓN
«Jesús es clavado en la Cruz». 

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.  





"Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los dos malhechores, uno a la derecha y el otro a la izquierda" (Lc 23,34) 





El Señor fue clavado en la cruz; y oyendo su Santísima Madre el primer golpe del martillo, quedó transida de dolor. ¡Jesús mío, clavado en la Cruz para expiar mis malas acciones, ten  misericordia! Que tenga el valor y la voluntad de perdonar a todos los que me ofenden.

Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.  

DÉCIMA SEGUNDA ESTACIÓN
«Jesús muere en la Cruz». 

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.  




"Hacia la hora sexta, las tinieblas cubrieron la tierra hasta la hora nona. El sol se eclipsó y el velo del Templo se rasgó en medio. Y Jesús, con fuerte voz dijo: 'Padre en tus manos encomiendo mi espíritu'. Y al decir esto, expiró" (Lc 23, 44-46) 


(Conviene, si es posible, arrodillarse y permanecemos en silencio un momento)


Crucificado ya el Señor, y cruelmente atormentado, exhaló por tu amor el último suspiro. ¡Jesús mío, muerto en la Cruz para abrirme el Paraíso, ten misericordia! Ayúdame a comprender que morir no es quedarme muerto, sino nacer a una nueva vida.

Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.  

DÉCIMA TERCERA ESTACIÓN
«Jesús en los brazos de María Santísima». 

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.  



"Un hombre llamado José, el cual era del Consejo, hombre bueno y justo, de Arimatea, cuidad judía, quien esperaba también el reino de Dios, que no había estado de acuerdo en la resolución de ellos, en sus actos, fue a ver a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Después lo bajó y lo amortajó en una sábana" (Lc 23, 50-53) 



José y Nicodemo bajaron de la cruz el santo Cuerpo y le pusieron en los brazos de la Santísima Virgen. ¡Jesús mío, depuesto en los brazos de tu afligida Madre, ten misericordia! Que el dolor por quienes amo me lleve a comprender tu pasión y tu sufrimiento por toda la humanidad.

Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.  


DÉCIMA CUARTA ESTACIÓN
«Jesús es puesto en el sepulcro». 

Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.  




"José tomó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, y lo depositó en su propio sepulcro nuevo, que había hecho cavar en la roca, hizo rodar una piedra grande a la puerta del sepulcro y se retiró". (Mt 27, 59-60) 




La Virgen María, Señora nuestra, acompañó a colocar el Cuerpo de su querido Hijo en el Santo Sepulcro. ¡Jesús mío, encerrado entonces en el sepulcro y ahora en el Sagrario, ten misericordia! Que no tenga miedo de morir, porque la muerte es un paso a la vida que eres tú.

Señor, pequé, ten misericordia de mí y de todos los pecadores. ¡Bendita y alabada sea la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo y los dolores y angustias de su Santísima Madre. Amén!

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.  
Recordando  las palabras del ángel: "No teman, sé que buscan al crucificado. No está aquí, ha resucitado como lo había dicho. Vayan aprisa a decir a sus discípulos: ¡ha resucitado!" se reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria, por las intenciones del Santo Padre, luego se añade la oración final:  

Señor Jesús, he llegado al final de este camino doloroso que tú recorriste. Ahora levanto la vista y te veo suspendido en la cruz, con las manos y los pies traspasados por los clavos y con la cabeza coronada de espinas. Estoy seguro Señor Jesús, que tu sufrimiento es el fruto de tu infinito amor por mí y por toda la humanidad. Tú agonizas y mueres por mí. Haz que también yo te ame mucho, para que sea fiel en mi vida a tu pasión y muerte y jamás me separe de ti por el pecado. Te lo pido por los dolores de tu Madre la Virgen María. Amén.

Alfredo Delgado Rangel, M.C.I.U.